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Pipeta, matraz Erlenmeyer, tubo de ensayo, bureta, vidrio de reloj, gradilla…todas esas palabras y algunas más hemos aprendido en nuestra visita al laboratorio de química que hay en el pabellón de las mayores.

Antonia Corbalán, que enseña a las niñas de secundaria muchas cosas interesantes, le dijo a nuestras profesoras que nos invitaba a visitar su laboratorio, y con mucha ilusión fuimos a ver todos los utensilios que tenía y lo que se podía hacer con ellos.

¡Hasta magia!, porque conseguimos que un líquido transparente cambiara de color y después, tras echar otro producto, ¡volviera a ser transparente!

Impresionados nos quedamos.

Eso sí, nos explicó que el ácido que se usa para hacer la magia es peligroso, y hay que prepararse muy bien para evitar accidentes: guantes, bata y gafas de seguridad especiales (algunos pudimos probarlas, y eran diferentes a las que usan nuestros amigos para leer en clase).  Nosotros tuvimos mucho, mucho cuidado, porque, aunque nos parecía muy divertida la ducha amarilla de seguridad que tenía junto a la puerta, nadie quería probarla en esta visita tan interesante.

Eso si, como Antonia vio que nos llamaba la atención el grifo doble, un poquito raro, que había junto a la ducha, dejó que algunos de nosotros nos laváramos los ojos en el.

Si vais alguna vez a un laboratorio, fijaos bien que estén esos dos elementos, porque son importantísimos.

Después, con la ayuda de dos alumnas suyas,  preparó una masa tan, tan especial, que si apretábamos muy fuerte se ponía dura (nos recordaba a la pasta de modelar), y si la dejábamos sobre la mano volvía a tener una textura más fluida. ¡Eso si que era raro!

Nos dejaron guantes y pudimos disfrutar de ese efecto tan especial….una sustancia digna de analizar.

También vimos como un pequeño y delgado hilo de cobre se iba haciendo cada vez más y más grueso (o eso nos parecía a nosotros…) cuando lo poníamos dentro del tubo de ensayo con una disolución de plata.

¿Sabéis otra cosa que aprendimos?…pues que la llama de una vela necesita oxígeno para “vivir”, y si se lo quitamos (pusimos un vaso encima) se apaga rápidamente.

Magia, ciencia, diversión, aprendizaje, sorpresas, ilusión…quién diría que todo eso se puede guardar dentro de un sencillo laboratorio de química.

¡Gracias Antonia! ¡Volveremos pronto!

 

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